Destino intermedio

Un desconocido que llega.

Un viajero en uno de los destinos de su viaje.

Una cena íntima entre amigos que no se conocen siquiera el nombre.

Una noche de verano en otoño, que se deja respirar.

Y las palabras y tal vez, las estrellas.

Una historia mínima, con todos sus detalles.

Un hombre que se va con su mochila al hombro.

Un desconocido que ya no será un desconocido nunca más.

Y las palabras y tal vez, las estrellas, aunque ya no sean tantas.

Why and why not

Ni preguntar por qué, ni preguntarse por que no.
Hay situaciones en que las respuestas son tan ambiguas,
que nos convencemos que es mejor ir viviendo
sin preguntar tanto, tanto todo el tiempo.

Pero la propia naturaleza nos acosa
con signos de interrogación a cada paso.
Y la ilusión de una vida sin respuestas,
sin excusas, sin causas ni consecuencias
se diluye sin más, con la salida del sol.

Grises de todos los matices

Lobos, lobeznos, y también lobos viejos.
Grises todos, muy grises, de todos los matices.
Grises como los recuerdos, las novedades,
y los futuros que barajamos hasta no hace tanto.

Políticamente correctos en este nuevo milenio.
Sanas y salvas sus conciencias insatisfechas.
Controvertidos, contradictorios y funcionales;
sabios, soberbios, orgullosos hijos del desencanto.

Su historia es una filigrana de cicatrices,
meticulosamente escrita en la piel y en el alma.
Sin espíritu alguno de jauría ni de manada,
no es el amor el que los reúne, sino el espanto.

Su estepa abarca todas las geografías,
su estepa es un pañuelo de papel arrugado.
Fundan sus cubiles y demarcan sus cotos de caza,
en los pliegues invisibles de la vida cotidiana.

Difícil será el destino de quien se enamore
del filo de sus colmillos o el brillo de su mirada,
del encantamiento de su ingenio o su voz callada,
del sabor de su sangre o la miel de sus lágrimas.

(No, no es fácil, pero tampoco es opcional.
Y de todas maneras ¡vale mucho la pena!)

 

 

 

Horror vacui

Tal vez lo haya leído en el Benévolo, o en el Frampton, no recuerdo bien, fue hace mucho tiempo atrás. Hablaban, claro, de arquitectura barroca, especialmente del Rococó y del Churrigueresco. De esa casi obsesión por no dejar ni el más mínimo espacio sin decorar. Del Barroco, sí; pero también de otras tantas culturas, en otros tantos tiempos y lugares.
 
 
«Horror vacui», literalmente, significa miedo o terror al vacío. Recuerdo que en algún viaje tuve la oportunidad de recorrer obras emblemáticas con esta fuerte tendencia. Y recuerdo también la sensación de sofocamiento y espantada admiración que me provocaba a cada paso.
 
 
Pero no fue una obra de arquitectura la que trajo a mi mente esa expresión esta vez. Fue algo mucho más mundano, más cotidiano, menos soberbio y para nada magnánimo: el intentar encontrar un momento libre de mi agenda que coincidiera con otras agendas, mucho más densas que la mía; e intentar también hablar con amigos sobre futuros aún no acaecidos, pero no por eso menos saturados de terror.
 
 
Terror al vacío y a otras cosas que se asemejan al vacío sin serlo. Terror al silencio, terror a la soledad, terror al aburrimiento. Terror a no tener, a no saber, a no ser y a no sentir mas que terror.
 
 
Y esta época nuestra, que ya hace tiempo dejó de ser postmoderna, se me hizo de pronto tan barroca, tan llena de cosas, tan saturada. Tan adversa a la paz en cuyo nombre todo se justifica. Y sin embargo, tan nuestra, tan fascinantemente nuestra.
 
 
(Para mí el silencio es como el aire, así de indispensable, tan indispensable como las mismísimas palabras. Y casi nada me mantiene tan viva como la incertidumbre, salvo algunas pocas certezas, simples, subjetivas y vitales)
 
 

Mitologicas 1: el viaje de la medusa

La medusa lleva luto blanco en la cabeza.
Mil cicatrices orgullosas de otras tantas tristezas gozadas.
Con amor y un hierro candente, cegó las serpientes de su mente,
con la esperanza ser, finalmente, mas inofensiva y mas sabia.
También, por precaución tal vez innecesaria,
vendó sus propios ojos con la suave tela que hila la confianza.
Viuda de una muerte de la que de vez en cuando si se vuelve,
va sonriendo sobre caminos siempre inciertos.
Sin días y sin  noches, el pasado, el presente y el futuro
son tan solo un largo presente continuo, sin nostalgias ni ansiedades.
Va bien dispuesta a vivir viviendo la vida
y a dejarse sorprender, si la ocasión lo amerita.

Good show! (alquimias imposibles)

Transmutar la hiel en miel,
en un abrir y cerrar de ojos,
es un proceso de alta alquimia;
tan difícil (o más difícil)
que convertir en oro
tristes ídolos de barro.

Pero crear una ilusión convincente,
es realmente mucho más sencillo:
tres palabras elegantes y un abracadabra,
un par de lecciones de química barata,
y una sonrisa a prueba de todo.

¡Listo para consumir!
El milagro instantáneo
que reclama la manada,
tan sedienta que está de fe,
e indulgencias varias.

(sin embargo,
de esta falsa miel no comen las hormigas,
no hay truco, magia ni poder divino
que disimule ciertas amarguras)

Tiempos distintos

En la estación del pueblo. Esta vez sin la certeza de saber cuando volveré. Es una sensación extraña.

Los bolsos y mochilas a mi lado parecen intuir que finalmente tendrán su merecido descanso, libres por un tiempo de la carga de la que nunca se liberaban del todo. Han sido buenos compañeros de ruta. Fieles. Resistentes y prácticos.

No, nada augura que sea un descanso definitivo, ni siquiera muy prolongado. Pero después de algo más de dos años, a ellos y a mí nos vendrá bien un poco de quietud.

Si bien al final cuentas siempre es uno quien va eligiendo su destino, a veces las condicionantes externas pesan más que las otras, y es entonces cuando se dice que son cosas de la vida. Este bien podría ser un caso de esos.

Y me digo, más o menos convincentemente, que volveré pronto. Aunque no me lo creo demasiado. Sé que a veces me miento un poco.

En la tarde aún gris y barrosa del pueblo, todo toma un matiz diferente,  como si se tratará de un paisaje querido. Pero las cosas (y las gentes) queridas están un poco más lejos, fuera del alcance de mi vista. De ellas pude despedirme sin decir adiós, ni hasta pronto ni hasta nunca. Síntomas de una nostalgia que se asoma antes de tiempo y quien sabe si logrará hacerse carne en algún momento.

Cambian las circunstancias, cambian las reglas del juego.  Quien menos se haya enamorado de sus sueños será el que menos sufra por los futuros imaginados que ya no serán. Y será también quien más dispuesto esté a encarar el presente en el presente.

Una pregunta específica

En mi sueño, la Estación Central esta vacía y en cada dársena descansa un autobús. Son cientos. Tal vez son miles. Yo voy con el pasaje en mano y el equipaje al hombro buscando el sector anunciado para mi partida. Como tantas veces.

Encuentro el coche cuya leyenda anuncia mi destino. Chequeo la hora. Y es la hora correcta.

Me acerco al chofer que está parado junto a la puerta, como sí fuera una esfinge, la mismísima Esfinge de Tebas. Ahí es cuando el sueño se vuelve decididamente más extraño.

Yo le entrego mi boleto, inclino la cabeza como queriendo insinuar un saludo, y me dispongo a subir.

– ¿Quién sos? – pregunta. Y me descoloca. Muchas veces hice viajes similares y nunca me preguntaron quien era. Lo habitual es que pregunten donde vas…

– Regina Daichman – contesto, sin entender aún del todo la situación, tratando de imaginar algún cambio administrativo o de seguridad, que de todas formas no justifica el tono.

– ¿Quién sos? – repite, y yo busco a tientas en mi mochila alguna identificación. Me parece ridículo que no le baste mi palabra, pero no me espanto. Burocracia.

– Soy yo – digo, mostrando con desgana el plástico con mi foto, mi nombre y otros datos menos relevantes.

– ¿Quién sos? – insiste nuevamente. Su voz no se inmuta y sigue su mirada vacía mirándome como ciega, sin verme.

– Soy yo, Regina Daichman – le respondo, queriendo dar por terminado ya éste interrogatorio filosófico de trasnoche.

– Y, disculpe ud, pero cualquier otra respuesta que le dé, será menos específica que esta – agrego, después de dudar un instante. Me sonrío ante la simple idea de haber dudado un instante sobre mí misma, de haber buscado una respuesta distinta, aunque la pregunta fuera la misma una y otra vez.

Recién entonces el chofer – esfinge me libera el paso, puedo subir, buscar mi asiento, dormirme. Y despertar.

Paradoja

Viajar de noche en autobús.
Afuera la oscuridad es absoluta.
Adentro, pequeñas luces verdes y rojas que solo se iluminan a sí mismas.
Entre la vigilia y el sueño no hay mucha diferencia.
Es difícil moverse, es difícil ver.
Y no se escucha mas que el ronroneo monótono del motor.
Es casi imposible hacer nada más que seguir ahí, que seguir así.
Como si tuviera vendados los ojos, y atadas mis manos y mis pies.
Hasta pensar es difícil en ese limbo de temperatura constante.
Podría imaginarse ésta como una situación desagradable, pero no lo es.
Muy por el contrario.
Las opciones se limitan al máximo.
No hay mucho mas que hacer que dejarse llevar.
El cuerpo tal vez no descanse tan bien como en una cama.
La mente tal vez no descanse tan bien como debería.
Pero ese algo que podría llamarse voluntad, si se distiende.
Y éste sí es un descanso de los más urgentes y disfrutados.
Esta falta de libertad de acción se parece mucho a la idea de libertad.
Esa libertad de ser sin hacer, sin sentir, sin pensar.
Al menos por unas horas.

Why or why not?

La pregunta era en principio ¿por qué?
Las respuestas eran, sin duda, demasiadas.
Eran muy difusas y para nada concluyentes.
Fue mucho mejor preguntarme ¿por qué no?
Entonces sí, todo fue mucho más simple.

El infierno no son los otros

Compré mi pasaje y la única boletería del lugar cerró su ventanilla tras darme mis dos moneditas de vuelto. La estación del tren está desierta en esta fresca medianoche de otoño.

 

El ambiente es más que propicio. Es inevitable: llegan aunque nos las llame. Primero las palabras sueltas, luego las ideas, después las imágenes.

 

Esta noche será, sin duda, una noche de sueños infernales.

 

Esta noche tengo cita con mis demonios personales

 

Me sonrío. No les temo. Ya hace tiempo que no les temo. Mis demonios son sangre de mi sangre imaginaria.

 

Son violentos, desagradables, impiadosos. Impulsivos, desprejuiciados e irónicos. Pero a su manera, bien podría decirse que son gente de palabra. Y tenemos un trato; día a día, ellos devoran y digieren todo lo que me hace mal y me los devuelven en forma de razonamientos forzados y mala poesía; yo los protejo de las fuerzas inquisidoras de la moral y las buenas costumbres, de los predicadores de turno, los psicólogos y las pastillas. 

 

Yo los dejo existir en sus penumbras. Ellos me dejan vivir mi vida.

 

Las clausulas son simples, son pocas y son justas: ellos no asomaran sus narices de este lado de universo si hay gente cerca; yo, de vez en cuando, desapareceré para todo y para todos por un día y dejaré que ellos hagan con mi mente y con mi alma lo que quieran, lo que puedan. Sus quince minutos al sol. Cualquier condenado los merece.

 

Con el tiempo, mis demonios y yo hemos desarrollado una relación simbiótica: ellos me muestran lo que solo puedo ver a través de sus ojos: yo de vez en cuando escribo, a mi manera, sus historias.

 

Mis demonios, dulces ángeles de la guarda caídos en desgracia. Atormentados, negados y solos. Condenados y confinados por mi misma y sin embargo, amantes fieles como pocos.

 

Dicen que dicen que el infierno son los otros. Yo prefiero creer que no. No podría ser quien soy sin ellos.

Este viaje

En breve, otra vez rumbo a la estación. Esta vez quisiera viajar en la dirección opuesta, aunque para ir donde quisiera estar, el camino más corto sería el que voy a tomar. Y sin embargo, seguiré con el plan de ruta que dibuje en mi agenda; la semana es demasiado corta, el año ya se termina.

(Tan simple se muestra la vida cuando se lo propone, que es imposible creer que a veces nos compliquemos tanto, tanto…)

Sensaciones…

Una noche de viernes, en una sala de la ciudad, una muchacha toca la guitarra.
Una sala ni grande ni pequeña. Una muchacha amiga de una amiga de una amiga.
A los presentes, esa mujer y esa guitarra nos quitan las palabras y el aliento. No exagero. Yo apenas si respiro, suavecito, lo mínimo, lo indispensable. También la gente a mi alrededor. Los observo. Casi se podría decir que respiramos al unísono, por pura obligación vital.

En un dejo de sana envidia y reflexiva admiración, me pregunto si podría yo alguna vez crear algo, ofrecer algo, tan así, de un virtuosismo tal.

Un amigo me recomendaría relajarme, sentir y disfrutar. No puedo. Lo disfruto, pero no puedo evitar buscar las palabras para describirlo, las palabras que me ayuden luego a no olvidar el momento. Las sensaciones del momento. Aún sabiendo que serán siempre insuficientes, parciales,  subjetivas. No importa.

Por un instante, está todo ahí.

La pasión de la mujer por lo que hace y el respeto por las melodías que interpreta. Toda la simplicidad y la complejidad en la sincronía con que sus manos hacen temblar las cuerdas… y que logra esa otra sincronía, entre ella, su instrumento, la música, su público, la sala y el tiempo ese, en que nos roba por unos minutos el alma.

Con la naturalidad de quien habla su lengua materna, sus dedos se mueven expertos en el arte de amarlo todo.  Parece que nunca nada que no fuera bello pudiese salir de esas manos. Sé que posiblemente no sea así, pero lo parece.

Entereza, seguridad, sensibilidad, delicadeza y fuerza. Humildad, entrega y orgullo. Perfección y libertad. Transparencia y misterio. Todo parece emanar de cada gesto y de cada nota. Otra vez observo a quienes me rodean. A cada quien le afecta a su manera. Esa es la magia. El poder de sensibilizar, cautivar, inspirar y dejarnos ir …

¿Podré alguna vez acaso lograr algo así? Lo dudo, es cosa de artistas dedicados. Yo no soy artista ni tengo esa constancia. Tampoco la habilidad innata de los virtuosos de nacimiento. ¿Podré alguna vez? No lo sé. Solo una vez sentí en mí algo similar. Un destello fugaz. Y en una situación muy distinta, también de ensueño, muy real, hace ya un tiempo atrás.

El viaje de las palabras

Hay veces en que no se puede viajar.
Son rutas difíciles, demasiado llenas de distancias,
en días en que los días son demasiado cortos
y la vida exige ser vivida dentro de lo planeado.

Esas veces, viajan solo mis palabras.
El objetivo se cumple solo a medias. Y ni siquiera.
No hay estación terminal ni de ningún tipo,
aunque el correo central de cierta forma se le parezca.

A veces, la tecnología brinda este tren expreso,
tan llenos de ceros, de unos  y de misterios.
Mis palabras viajan con mas facilidad que mi persona.
Son parte de mí, pero no más que eso.

Ojalá viajaran así también los abrazos, las caricias y los besos.

Casualidades…

(1302 -1300 – 134)

… de esas cosas que se encuentran por ahí.


PD: sí, debería poner la referencia y la fuente de la imagen. No están, y es por un motivo. Si alguien las quiere, me las piden y se las paso.

Otra larga espera

Por esas cosas de la vida, otra espera de varias horas en una de las estaciones que ya son parte de mi rutina. Anochecer de un viernes que cierra de alguna forma una semana agitada. Ya no quiero seguir pensando y pensando, haciendo, deshaciendo, decidiendo, proyectando, calculando y volviendo a empezar.

Un dialogo moderno, vía mensajes de texto. Pequeñas frases de un dialogo sin preguntas ni respuestas. Apenas un par de frases cada hora. Un diálogo sin apuros, un medio que exige pocas palabras y una economía que no esta dispuesta al derroche. Una buena combinación.

Un dialogo sin obligación de ser, casi un juego, con pocas palabras que pueden decir mucho, no solo al que lee, sino también al que escribe. Palabras que dicen lo que dicen, pero también un poco más. Un diálogo que puede morir en cualquier instante, que acorta por un segundo distancias que se jactan de ser importantes.

Tiempos de espera en esta terminal, en esta ciudad, en este día que ya es noche. Bajo la mirada que espera sin más que esperar, todo se transforma: los detalles se hacen más visibles que el conjunto. Y se hace más visible también la trama casi mágica que los vincula.

Por eso no me desesperan los contratiempos que me obligan a quedarme aquí más de lo planeado. Cada espera es, de cierta forma, una potencial revelación, intrascendente y efímera, que vale el tiempo que parece perderse.

Y mientras, voy escribiendo. Más que nada para no distraerme con los asuntos pendientes de la semana cuyos ecos aún resuenan lejanos en algún rincón, ni con los otros asuntos pendientes que aun no están en condiciones de resolverse.

Y mientras voy escribiendo, porque así no olvidaré del todo las otras cosas que no escribo. Como esta tonta algarabía de sentirme inmune al tedio y a la ansiedad que parece acechar en lugares como este. O las inverosímiles asociaciones que va creando la mente mientras las manos escriben, los ojos se pierden en algún punto indefinido, el cuerpo se relaja como si no supiera nada de la incomoda silla que lo sostiene, y el resto de mi se sonríe sin razón aparente.

(Quedan aún dos horas y media)

Fuegos

Quemar todas las naves. Y también quemar todos los bosques de esta isla, hasta que no queden más que cenizas. Y esperar que el bosque vuelva a crecer.

Mientras tanto, habrá tiempo de imaginar un barco nuevo, de maderas nuevas que no hayan conocido la tragedia. Habrá tiempo de diseñarlo y después habrá tiempo de construirlo.

Y llegará el momento, quizás, de navegar otra vez estos mares, éste océano siempre tan igual, siempre tan distinto de sí mismo.

Tiempo habrá, porque el tiempo es de esas cosas que se parecen realmente a aquello que llaman infinito. Todo lo demás, ha de acabarse algún día. Hoy, mañana, en cien años, en mil. Algún día.

Por ahora, es cuestión de quemar las naves. y los bosques (no, no es maldad, solo un gesto de precaución adicional).

Será un fuego digno de verse. Un fuego que se verá desde el mar. Y quien sabe, tal vez se verá desde el otro lado del mar. Es un riesgo que hay que correr.

El cansancio de viajar y viajar se deja sentir, pero el devenir de los acontecimientos, de vez en cuando, se empecina en sorprender.

(el instinto a veces es mas fuerte que la voluntad)

Hay veces que sí…

Hay veces que los cuerpos se desvisten
y se desnuda el alma.

Las caricias son palabras que se entienden,
los besos son caricias que iluminan,
las miradas son besos que besan en alma.

Y las palabras dichas,
una necesidad impostergable,
Y los silencios sacrificados,
una ofrenda de confianza.

Pero hay veces que no.
Veces en que las cosas son lo que son.
Y es suficiente. Más que suficiente.
(Hasta que un día ya no lo es)

 

De ciudades y monedas (BA- abr/09)

Rumbo a la parada del colectivo, no se puede pensar en nada más que en monedas. Ahora entiendo a que se referían aquellos que le llamaban el vil metal.

Día a día, esta ciudad enorme convierte a cientos de miles, tal vez de millones de habitantes y turistas, en primitivos mendigos de monedas. Paradojicamente, poco importan los billetes en la cartera. Solo si abundan, si sobran, se podrá eludir esta locura sin pesar ni sufrimiento. 

En un cálculo no poco maquiavélico, no se compra lo que se necesita o se desea, sino aquello que obligue al otro a entregarnos sus codiciadas y bien guardadas monedas. Todo un tratado de tácticas sutiles y estrategias non sanctas.

Hay tantas opciones, pero no son tantas: la ciudad es demasiado extensa. En la garita, durante la espera, ya nadie habla con nadie. En el colectivo hasta un murmurado «buen día» al chófer parece tan violento, tan fuera de lugar, que se reprime hasta el menor instinto de cortesía y buena educación.

Tantas historias que se cruzan en mil puntos distintos. Historias con sus protagonistas a cuestas, que comparten un mismo camino, aunque más no sea por un rato.

Los cuerpos se verán obligados a rozarse (cuanto menos) y posiblemente tengan entre sí mas contacto físico que con el más íntimo. Levantará cada individuo, en esa nada de espacio que los separa, su coraza mental, la mentira que resguardará su privacidad. No te siento, no te huelo, no te veo. O preferiría no hacerlo.

Por supuesto, hay quienes tienen un buen gesto. Y ven al viejo que se acerca con el bastón. Le ofrecerán el asiento. Querrán, por un instante, que de algo sirva el ejemplo… y volverán a perderse en sí mismos. Agotados porque el viaje aún no termina y será largo. Y ademas ahora viajan parados.

Es una ciudad demasiado extensa esta ciudad. Una ciudad que es como una sirena, que fascina y condena, enamora y traiciona, que atrae y espanta. Una ciudad que estimula y paraliza. Una gran ciudad.

Inmensurable, inaprehensible, y  sin embargo vivible, de alguna manera.

¡Gracias!

A veces se pierde la costumbre de explicitarlo.

A veces no es más que un formalismo.

Pero hay gestos que no se pueden dejar de agradecer.

Veces en que decir simplemente muchas gracias parece insuficiente.

Gestos mínimos o grandes gestos, sutiles, vitales. No importa cuales.

Gracias, amigos, por el abrigo.

Gracias, amigos, por las sonrisas.

Norte o Sur

Una ruta que corre de norte a sur y viceversa.
Una estación al margen de esa ruta.
Una única y sombría boletería.
Dos posibles rumbos a seguir: norte o sur.
Una decisión que tomar, tal vez intrascendente.

Tal vez no.

El destino, a corto plazo, es en realidad el mismo.
Es un circuito circular, sé que es así.
Se supone que es así. En teoría es así.

Y como en el cuento de Caperucita,
uno de los caminos es el más incierto.
Pero esta vez no es el más corto, sino el más largo.

El camino del bosque es en realidad el camino por la selva.
Es esta selva, estas fauces de lobo urbano,
que no muerden la carne sino el alma.

Dentellada que habrá que aguantar,
la decisión no fue tomada a cara o cruz.

Reencuentro

Nos reencontramos esta vez en otra estación. Cada encuentro, con éste fantasma, es en realidad un reencuentro. Será tal vez porque todas las despedidas se saben tal vez definitivas. Tal vez porque cada despedida es un adiós completamente indefinido, sin un dónde ni un cuándo, ni nada que augure un tiempo futuro compartido, aunque más no sea por unas pocas horas.

Será por eso que cada encuentro genera tanta algarabía, tiene ese grado de sorpresa bien recibida. Casi, diría yo, como si se tratará de un pequeñísimo y dómestico milagro.

¿Que decir? Podría verse la cosa desde otro punto de vista completamente distinto. Pero yo lo prefiero así.

Jaque mate

«Jaque», dijo en voz baja, casi con culpa. Se mueve un alfil. Continua la danza.

«Jaque», otra vez, podría ser definitivo, pero no lo es. Un caballo aparece de la nada.

«Jaque», su voz cansada es un reclamo de clemencia. Los peones van dejando el tablero.

«Jaque», esta vez ya es una advertencia. Las opciones se cierran. El amor no todo lo puede.

«Jaque», esboza una sonrisa por vez primera. En un gesto displicente se perdona a la reina.

«Jaque», no quería que fuera así, tan así. Sus ojos dejan ver cierto disfrute en la agonía.

«Jaque», repite intuyendo el final. Todas las chances fueron dadas. Todas.

«Jaque mate», muere el rey. Ya no hay vuelta atrás.

No se puede vivir perdonando ciertas cosas, no se puede jugar siempre a perder.

No solo por el placer de extender la partida un par de movidas más.

No hay saludos ni gestos de cortesía. Pero debería haberlos.

Tal vez simplemente no fue un buen día.

En affisch som lyder:

En affisch som lyder:
«Kommer att bli en lång väntan,
men kommer inte att vara för evigt»
Jag vet inte om det var ett löfte, en varning eller ett hot…
eller om det var en bön… eller en tröst.
Jag kunde bara le.
billiga filosofi från busstationen.
Tidsfristen var bara ett år.
Och sedan dess,
världen har nästan slutfört en halv varv runt solen.

El temblor

Algo como la furia, que no es la furia,
temblando al filo de los colmillos.

¿Dónde duerme la ira que brilla por su ausencia?
¿Dónde se esconde la sed de venganza?
¿Dónde está la tempestad redentora?
¿Y dónde está todo lo demás?
¿Es que acaso es tan grande el abismo?
¿Es que no era, acaso, solamente un paso?

Solo queda el sutil temblor del alma
cuando el temblor de los colmillos se apaga.

Una noche

Hasta las dos de la mañana, el cielo se mantenía límpido.
Muchísimas estrellas, toda la Vía Láctea en su esplendor.
Como suele suceder aquí en el sur cuando no hay ciudades cerca.

Ninguna nube.
El aire más transparente que pueda alguien imaginar;
y la luna tan ausente, como si no hubiera existido jamás;
y una brisa suave y cálida;
y miles de relámpagos, durante horas,
que iluminaban el horizonte sobre el río.

Un espectáculo digno de verse.
Más que eso, un espectáculo digno de vivirse.
Finalmente el viento comenzó a embravecerse.
Se cubrió el cielo de nubes rojas.
Cayó un único rayo.
Y se desató la tormenta perfecta.

Minutos después ya estaba yo bajo techo,
disfrutando el olor de la primera lluvia.
Dispuesta finalmente a dormir un rato.

(la jornada había sin dudas terminado)

Cavilaciones

Que lo hecho, hecho está. no caben dudas al respecto.
Y que si resultó como se esperaba, mucho mejor.
Y que si las cosas fueron como fueron;
y las previsiones preliminares, suficientemente analizadas;
y los riesgos posibles, debidamente sopesados;
y las precauciones necesarias, seriamente tomadas;
y las elecciones tomadas, sabiamente dispuestas;
y las acciones correspondientes, firmemente ejecutadas;
y los imprevistos ineludibles,  consecuentemente resueltos;
y las consecuencias previstas, dignamente asumidas;
entonces, bien se podría estar medianamente conforme.
Y sin embargo vuelven entre sueños ciertas cavilaciones,
incertidumbres e hipótesis proscriptas sobre un pasado que no fue.
Que lo hecho, hecho está, no caben dudas al respecto.
Pero de ahí en más, cualquier aseveración es cuestionable.

Para no olvidar

Para no olvidar, ni lo bueno ni lo malo.
Por eso, y tal vez por otros motivos menos serios,
ciertas coincidencias y también ciertas diferencias
se hicieron parte de mi rúbrica,
como si fuera una plegaria cotidiana
a la que se obligan mis dedos a rezar escribiendo
con absoluta premeditación y sin real conciencia.
Para recordar lo bueno y lo malo,
las preguntas que no quiero dejar de hacerme,
las respuestas posibles y probables,
las convicciones perdidas y encontradas,
los errores y los aciertos indefinidos como fueron…
Por eso, y tal vez por otros motivos menos serios,
prevengo el olvido con estos juegos arteros.
(trampas tendidas a mi misma donde siempre caigo,
hasta que algún día, finalmente, me venza el hartazgo)

Casi lo mismo

Otra vez en la estación, otra vez el mismo personaje. No importa donde este, a donde vaya o de donde venga. Está ahí, casi siempre.

Tal vez por aburrimiento o por genuina curiosidad me acerqué, buscando mentalmente una excusa que pareciera excusa. Válgame la ingenuidad, porque ingenua me sentí cuando me habló como quien retoma de la nada el hilo de una conversación interrumpida quien sabe cuando, quien sabe donde.

Y sí… – me dijo con la mirada perdida en algún detalle invisible del desgastado pavimento de las dársenas vacías – a veces pasa que el tiempo ya no pasa. Entonces, la única forma de envejecer es viajando, engullendo distancias, haciendo pasar centímetros y kilómetros forzosamente a través de nosotros, cuando ya no quieren pasar ni las horas ni los días ni los años.

Ya verás – agregó, mientras se levantaba y se acomodaba al hombro su equipaje imaginario –  ya verás, al final la ilusión que se obtiene es bastante similar.

Y yo no pude más que asentir. El altavoz anunciaba dos nuevos arribos y tres nuevas partidas. Era hora de embarcar.

Sin duda podría haber acotado algo, pero bien podía quedar para la próxima. Otra vez.

Sobre pedir deseos. Sobre no pedirlos.

Pasó fin de año. Empezó un año nuevo. En  el momento, bastó con desear con que sea un buen año para todos. Así, en forma genérica.. La cosa no daba para más. Todo el esfuerzo se fue en tratar de que el deseo sea sincero, naciera de lo profundo y no se convirtiera en una fórmula de salutación tradicional. Luego ya vendrían unos días de calma como para pensarlo mejor. ¿Cómo fue este año que pasó? ¿Cómo será este que recién empieza?

Y de repente, llegó otra vez uno de esos momentos donde tradicionalmente se piden deseos. Esta vez, un poco mas personal, el día de mi cumpleaños. Cualquiera diría que tiempo para pensar y reflexionar tuve de sobra. Y en realidad, tuve suficiente; aunque nunca sea realmente suficiente.

Llegó el momento de pedir los tres deseos. Pero este año, tal vez por primera vez en 32 años, no hubo torta de cumpleaños, ni velitas, aunque hubo festejos. No pedí ningún deseo. Renuncié a ese privilegio hace más de una década. No es que no desee cosas, que no tenga anhelos. Es que no sé pedirlos. No sé como ni sé a quien. Podrán acusarme de que soy una mujer falta de fé, pero no lo soy. Al menos optimismo no me falta.

¿Y si pudiera pedir solo un deseo, con absoluta garantía de que se va a cumplir en tiempo y forma? No sabría que pedir. A cada deseo se le interponen muchas objeciones – técnicas, prácticas, teóricas, éticas – que no los hacen merecedores de tan única oportunidad.

Y después, está este tema de la decepción.

Y está la cuestión ineludible de la comodidad de desear aquello que difícilmente lograríamos por nuestra propia cuenta (si nos atreviéramos), y que por lo tanto deseamos que se cumpla por si mismo.

Y está esa dificultad enorme de pedirle ayuda a las personas que pueden ayudarnos a la hora de cumplir deseos propios y ajenos.

Y está el tema de éste profundo sentir que la vida me ha brindado tanto, que pedir algo mas, si de pedir se tratara, sería un abuso.

Y está esta cuestión de que algún día, tal vez, puede haber un deseo más seriamente deseado que cualquier otro deseo. Y si de desear se trata, prefiero tener mi cuenta habilitada para entonces.

Por eso no pido deseos cuando cumplo años. Ni cuando veo una estrella fugaz.

 

De busquedas y afines

«Si disfruta del silencio y la quietud, entonces, es piedra. Incluso si respira», dijeron las piedras. Y ahí se quedó, mirando el infinito desde lo alto de la montaña por un tiempo. Luego bajó al bosque.
«Si tiene raíces que lo unen a la tierra, y de ella se nutre, es árbol. Aunque sus raíces sean etéreas y camine sobre la faz de la tierra», dictaminó el árbol más viejo entre los árboles. Con los árboles se quedó sintiendo el viento y luego se marchó.
«Si necesita el sol y lo venera, es lagarto aunque su sangre sea tanto más caliente», concluyeron seriamente los saurios.
«Si es esencialmente agua y depende de ella para existir, es pez, aunque no pueda respirar en ella», concordaron los peces.
«Si sueña con volar, entonces es ave, aunque no vuele más que en sueños», sentenciaron las aves sin dudarlo un instante.
«Si nació respirando y bebió la leche de su madre, es parte de la manada, aunque sus formas sean otras», afirmó la loba madre.
«Si no piensa igual que yo, no pertenece a este lugar, aunque sea tan humano», repitieron muchas veces los humanos en un lugar y en otro y en otro.
«Si no cree en lo que creo, no es de los mios»
«Si no viste como visto, si no habla la lengua que hablo, si no duerme a la hora que yo duermo…»
entre los humanos la cosa se hizo mas complicada, pero no imposible.
Después de todo, lo que buscaba lo encontró entre ellos.
Y entre ellos fundó finalmente su hogar.

Un largo y mínimo instante…

Una idea, un sentimiento, una sensación, todo en un instante.
La síntesis más clara de un montón de ideas vagas con las que jugaba desde hace años, de sentimientos inciertos que vislumbraba de vez en cuando. Ninguna verdad universal. Más bien, todo lo contrario. Algo que involucra parte de mi historia y que llega a mi presente.  Y que tiene que ver con las personas mas cercanas y queridas. Y mucho más con las personas amadas. Que tiene que ver con actitudes, con creencias, con sentimientos, con acciones, con ideas y con ideales.
Un instante que llena de claridad e incertidumbre. De esos que te hacen sonreír en la oscuridad aunque nadie te vea. Y te saca unas lágrimas de esas que no duelen en absoluto. Uno de esos instantes que no cambian nada hacia atrás… pero que no pueden no afectar, aunque sea muy mínimamente, el futuro. Porque no pueden olvidarse ni ignorarse. No una revelación ni una visión. Posiblemente, una tontera. Una idea bella, en un momento especial.
¿Qué importa que relevancia tenga? Una buena experiencia, sin duda. Las ideas bellas, cuando llegan así, sin que se las busque conscientemente, y emocionan, siempre valen la pena. y si además ayudan a reconocer y reafirmar los lazos que nos unen, tanto mejor.

Fin de año

Este hubiese sido un buen momento para que cada uno de nosotros se tomara un tiempo para sí mismo, para la reflexión introspectiva y el balance existencial.

Este hubiese sido un buen momento, sino fuera…

… que las inclemencias climáticas nos agobian;

… que los preparativos de las fiestas nos estresan;

… que las comidas y bebidas de las fiestas nos enferman;

… que las obligaciones de las fiestas nos sofocan;

… que las ausencias en las fiestas aún nos angustian;

… que las convenciones sociales nos presionan;

… que la crisis económica nos preocupa;

… que la exigencia laboral nos agota;

… que el cansancio de todo un año nos aplasta;

… que el cuerpo se resiente;

… que la mente se resiste;

… que el corazón tal vez no se sienta lo suficientemente fuerte para soportar reflexiones introspectivas ni balances existenciales.

Sino fuera por estos detallecitos, mínimos, intrascendentes, veniales, este hubiese sido un momento más que adecuado.

Pero bueno, el momento ya llegará. Una, dos, diez veces en al año o en la vida. Ya llegará y será provechoso, sin duda.

Hasta entonces, hay que seguir viviendo.
Viviendo y disfrutando de cada día, que así la cosa tampoco esta tan mal.

(y quien sabe, tal vez para hallar la paz y la felicidad, o al menos la tranquilidad y la alegría, a veces basta con cambiar de perspectiva sobre esos detallecitos insignificantes…)

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Un fuerte y sincero abrazo, un beso para cada uno, mis mejores deseos,

                                          ¡Feliz fin del 2008 y muy feliz 2009!

                                                                                   REG

Oportunidades

La oportunidad estuvo ahí. Tal vez no pude, tal vez no supe. O tal vez no quise aprovecharla al cien por ciento. ¿Qué más da?

La oportunidad estaba ahí. Y al día siguiente ya no estaba. Y al día siguiente la vida continuaba como continúan en general las vidas: como pueden.

Algunas oportunidades simplemente se dan. Otras hay que buscarlas con insistencia. A veces se plantean sumamente simples y accesibles. Otras veces apenas se vislumbran y parecen casi imposibles.

Por definición, casi se diría que las oportunidades en si, cada una y con su necesario contexto, son irrepetibles. Dicen también que llegado el momento no hay que dudar. Que las oportunidades suelen ser fugaces.

Y debe ser que dude. O no pude. O no supe. O no quise.
Hoy, tanto tiempo después, yo me pregunto: ¿qué más da?

Otro día en la Estación Central

Otra vez en la Estación Central. Hoy es un hormiguero humano/mecánico. Gente en tránsito, incluso la que espera. Coches en tránsito. Ideas en tránsito.

Yo escribo sentada desde un rincón. Horas y horas en estaciones de un tipo u otro ayudaron a tomar la decisión de comprarme algo con lo que escribir sin depender de los horarios ni las monedas. Claro, siempre pude hacerlo: bastaba una lapicera y un cuaderno, a veces menos que eso. Pero así es mas simple. Escribir como quien piensa es más lindo y es más fácil.

Las tardes de multitudes no son tranquilas en un lugar así. Una señora, viejita y maltratada por la vida, está sentada en el suelo y está descompuesta. Llora del dolor de cabeza y le cuesta hablar. Sus hijos, balbucea, fueron a comer un sándwich fuera de la estación. No me extraña: los precios aquí adentro son prohibitivos para la gran mayoría.

Dejo de escribir un rato para asistirla. Otra mujer que también espera me acompaña.

Los hijos no han vuelto, no vuelven. Llamamos a un policía, él llama a uno de seguridad y ese llama a las enfermeras de guardia. Yo bajo a buscar agua fresca. Nadie sabe mucho, pero parece un golpe de alta presión. La señora huele muy mal. Tienen un montón de bolsas, bolsitas y atados quien sabe de qué alrededor. Se la llevaron con todo a la enfermería. 

¿Dónde están los hijos? ¿Qué pensaran cuando vuelvan y no la vean ni a ella ni a sus cosas? ¿Volverán? ¿Tenían pensado volver? En diez minutos llega mi autobús; después de eso tendrán que ir a preguntar a Informes, porque de los que estábamos en este sector ya no queda nadie. ¿Que será de esta señora Silvia?

La terminal, a media tarde , un sábado de calor veraniego.  Multitudes. Movimiento. Ruidos. Olores. La gente que se presta la atención necesaria, y la indiferencia necesaria. Todos demasiados próximos. No necesariamente desagradable. Se distinguen cantidad de sonrisas. Y de miradas que han viajado y arribado a destino mucho antes que los ojos que yo veo  desde aquí. Llego mi hora de partir. Los hijos no llegaron. El sistema sigue que sigue. Ya se reencontraran, pero podría haber sido todo más fácil…

Evolución – involución

Vamos perdiendo las muelas del juicio,
el fino olfato, el oído agudo,
y el filo histórico de los colmillos.
¿Cómo he de saber, amor, si no puedo ya morder,
que corre aún la tibia sangre bajo tu piel?

Miedos

Hace tiempo que quiero escribir algo sobre el miedo.

No sobre el miedo repentino y esporádico ante peligros inminentes, más o menos concretos. No sobre el miedo que salva vidas, sino sobre el miedo que se hace forma de vida. El miedo de tener miedo por si las moscas…

Sobre eso quería escribir, pero no se me ocurre nada. Al menos hoy, ni una linea más que esta.

Caballito

Cuasi arte, muy efímero.

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Un caballito gris, para la colección de mi mamá.

lo hice yo? bueno… si, pero fue sin querer queriendo…

Vestigios 4

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PN Río Pilcomayo – Formosa – Argentina – octubre 2008

Otro cartel – vericuetos idiomáticos

El cartel, en español, hablaba de responsabilidad, no de culpas.
La traducción no fue literal.
Pero la interpretación,  sí que fue muy adecuada a las circunstancias.

Palabras mágicas / db

Le pedí una palabra de emergencia.
Tuve mi palabra mágica. Sirvió.
No resolvió nada. No la pedí para eso.

Las palabras mágicas, como yo les digo, son para otra cosa.
Y no tienen nada de mágicas.
Dos veces las pedí. Dos veces allí estuvieron.

Estoy en deuda.

Temas trascendentales

– Crees? – me preguntaron.
– Creo que es posible que sí, pero creo, también, que debemos ir por la vida como si no – contesté.

Fue el inicio de una noche larga, muy larga.

Definitions

bluff : In the card game of poker, to bluff is to bet or raise with an inferior hand. This is useful because it can cause other players to believe the bluffing player has a dominant hand, so that they all fold; the bluffing player then wins the pot. By extension, the terms are often used outside the context of poker to describe the acts of pretending knowledge one does not have, or making threats one cannot execute.
 
Pure bluff : A pure bluff, or stone-cold bluff, is a bet or raise with an inferior hand that has little or no chance of improving. A player making a pure bluff believes he can win the pot only if all opponents fold. The pot odds for a bluff are the ratio of the size of the bluff to the pot. A pure bluff has a positive expectation (will be profitable in the long run) when the probability of being called by an opponent is lower than the pot odds for the bluff.
 

Estrategas

Junto a la estación hay una pequeña plaza. En la pequeña plaza hay un gran árbol. Bajo su sombra dos tipos juegan al ajedrez. Dos linyeras, dos crotos, dos vagabundos. Two homeless, dirían en ingles. Uno casi no oye, el otro no sabe ni quién es. Golpeados, mal heridos por la vida, ulceradas indefectiblemente el alma y la piel. Se demoran en cada jugada, juegan sin reloj, juegan sin tiempo. ¿Viven sin tiempo? No lo sé. La mirada fija en el tablero. Dicen los que saben que ambos juegan muy bien. En el brillo de sus ojos brumosos se intuye el juego cuatro, cinco, seis jugadas adelantadas. Impecables estrategas de la nada. Peón por peón, sonrisa ladeada, juegan las blancas. Llega un autobús. Se alborotan taxistas, vendedores ambulantes, se agita la manada. Retrocede el caballo, se libera la dama. Quisiera poder leer en sus mentes ese futuro inmediato que los deleita.
Pero mi hora de partir llegará antes de que muera un rey, sea cual sea.
(Sí hay relojes de este lado de la vida)

Otras palabras

Cuando viajo llevo siempre a los poetas en mi bolso de mano. Los artistas de la palabras, los de hoy y los de antes. Del Dante a Sabina. ¿Quién diría? Pero siempre me les resisto. Ahí quedan, me duermo, los evito y me escapo.

Pero hoy me toco viajar de día. Y es un día muy de verano, de viaje lento, largo y caluroso. Cedí a la tentación de sus versos y se resquebrajaron mis corazas. No hay donde escapar en un autobús sino es al mundo de los sueños, que hoy, justo hoy, me negó la entrada. Y ahí estaba yo conmigo, a flor de piel.

(y una sola lágrima emocionada, que no tuvo la decencia de caer)

El circo

No sé cuantas veces fui a un circo. Yo recuerdo, con esfuerzo, haber ido solo una vez, cuando tenia tal vez seis o siete años. Tendría que haber prestado entonces mayor atención. Siempre hay de quien aprender cosas útiles. Después la vida fue requiriéndome habilidades de equilibrista, de malabarista; reclamándome payasadas e ilusiones varias. Tendría que haber prestado mas atención…

 

(sin embargo, dicen,
que el pobre Garrick sigue sin curarse,
pálido su rostro y la misma sonrisa pintada;
la mirada perdida quién sabe en qué,
el paso seguro, elegante y medido,
como si fuera haciendo equilibrio
en una eterna cuerda floja que nadie ve,
mientras va haciendo imposibles malabares
con los pedazos que quedan de lo que fue)

¡Ja!

Alguien lo recomendó por ahí. Y la verdad, está muy bueno.

Le insertás un texto, o la dirección de una pagina, y algún algoritmo mágico crea, medio como al azar, una «nube» con las palabras mas usadas. Podés modificar algunos parámetros: cantidad de palabras, fuente, color, orientaciones… pero el encanto de esto va más allá. Una belleza.

Entonces… ¡a jugar!  (y a conocernos un poco más)

http://wordle.net/

http://wordle.net/gallery?username=reg

(si se prenden a jugar un rato y dejan allí su nube, avisen….)

Cuestión de piel

dias de frio
HACÍA MUCHO FRIO. ESE FRIO QUE HIERE LA PIEL.
POCAS VECES ME SENTI TAN VIVA.

«Elige…»

De visita en casa de un amigo vi uno en el estante de más abajo de la biblioteca. Yo tenía un par en casa. Era un libro de la colección «ELIGE TU PROPIA AVENTURA». Una colección de aventuras infanto juveniles de finales múltiples que en cada página o cada dos páginas, se te presentaban dos o tres opciones. Un libro impreso interactivo, por decirlo de algún modo.
Pero a pesar de ser para niños, muchos de los finales, tal vez la mitad, terminaban mal: o te morías, o te perdías, o ibas preso… vos o tus compañeros o familiares. Así de crudo podía ser.
Otros finales eran finales sin pena ni gloria, Y apenas uno o dos eran realmente los satisfactorios.
A veces, a la hora de decidir, se premiaba la sensatez, la valentía, la prudencia, la sabiduría o la ética. Pero a veces las elecciones basadas, justamente, en la sensatez, la valentía, la prudencia, la sabiduría o la ética no llevaban a buen puerto. Y generalmente había que simplemente elegir al azar.
De una manera muy rudimentaria, estos libros te enseñaban a ver que las decisiones eran importantes, que no todo era lo mismo, que a veces acarreaban tragedias. Por suerte, eran pura ficción y siempre tenías la opción de volver atrás y empezar de nuevo (lo cual era, sin duda, muy aburrido). Pero con la práctica, se iba identificando cuales eran las páginas donde estaban las decisiones primordiales, y con regresar hasta allí bastaba para reemprender la búsqueda de un final mejor.
La vida no nos da esa chance. No se puede volver atrás. Se pueden tomar nuevas decisiones tratando de revertir las consecuencias de un accionar anterior; pero lo que pasó, pasó.
Nos guste o no, como en el libro, tenemos que elegir a cada instante. La mayor parte de las veces, decisiones a simple vista intrascendentes, que efectuamos en forma casi automática; otras, absolutamente trascendentales. A esas, en general, les rehuimos un poco. Y sin embargo, escapar no es más que una opción más y al final nos damos cuenta que no se puede estar siempre escapando.

Bienaventurados….

Bienaventurados los que saben perfectamente lo que quieren, porque a ellos solo les resta ir tomando un par de decisiones.

Y para ello cuentan con una efectiva herramienta, un indicador, un parámetro, una simple pregunta:

– Para la consecución del objetivo propuesto ¿es la decisión adoptada beneficiosa o no?

Lo demás, como dicen, es anécdota.